EL JESÚS QUE YO CONOZCO

Antonio PIÑERO, El Jesús que yo conozco. Editorial Adaliz, Madrid, 2017, 332 pp. ISBN: 978-84-947657-5-9.

ÍNDICE

Agradecimientos
Introducción
» La importancia de leer a Antonio Piñero
» Antonio Piñero y el nuevo socratismo
» Lo que debemos a Antonio Piñero

Abreviaturas
» Antiguo Testamento
» Nuevo Testamento 20
El diálogo: 90 preguntas

Epílogo
» Semblanza autobiográfica de Antonio Piñero
» ¿Racionalista y escéptico?
» El Antonio Piñero novelista
» Sus grandes pasiones
» Si tuviera que elegir
» ¿Qué reconocería en sí mismo?

Índice analítico de materias 327

El índice de las 90 preguntas respondidas es demasiado amplio.


INTRODUCCIÓN

La importancia de leer a Antonio Piñero

Antonio Piñero (Chipiona, España, 1941), catedrático emérito de filología griega en la Universidad Complutense de Madrid, y el más importante historiador del cristianismo pri- mitivo en España, es también uno de los grandes investiga- dores del llamado “Jesús histórico” y de los más reconocidos en Europa y, al menos, en la América de lengua hispana. Lleva aproximadamente 45 años estudiando la figura y los tiempos del carpintero de Galilea, ese Jesús que, alguna vez afirmó en entrevista, no es una figura misteriosa. Más bien son los evan- gelistas quienes lo han convertido en un misterio…
Su producción ronda los 45 libros. Y es famoso también por la edición de la traducción íntegra de todos los evangelios (incluyendo los llamados apócrifos: en total unos 83 evange- lios) de sus lenguas originales al español.

Es editor y coautor de la serie Apócrifos del Antiguo Tes- tamento (6 vols., 1983) y de Hechos Apócrifos  de los apósto-  les (con Gonzalo del Cerro) (3 vols., 2005-2011). De entre sus estudios dedicados al Nuevo Testamento destacan El otro Jesús, Vida de Jesús según los evangelios apócrifos (1993; inglés 2016); El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos (con J. Peláez) (1996; ed. inglesa 2003); Los cristianismos derrotados (2009); Guía para entender el Nuevo Testamento (5ª edición de 2016); Guía para entender a Pablo de Tarso. Una introducción al pensamiento paulino (2015) y Gnosis, Manuscritos del Mar Muerto y cristianismo primitivo (2016).    

Además, ha editado y colaborado en los siguientes libros colectivos: Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos (1991); Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas de Jesús (1994); En la frontera de lo imposible. Magos, médicos y taumaturgos en el Mediterráneo oriental en época de la Biblia (2001), y Biblia y Helenismo. Pensamiento griego y formación del cristianismo (2006). En esta misma Editorial, es editor y coautor de la obra Textos gnósticos. Biblioteca de NagHammadi, en tres volúmenes (2000-2005), 5ª edición.

       Aproximadamente, para 2019 se publicará su Nuevo Testamento laico, histórico-crítico, no militante, un proyecto extraordinariamente ambicioso —cuya extensión rebasa los 2 millones de palabras—, y abarca la totalidad de los libros del Nuevo Testamento con comentarios basados exclusivamente en la  perspectiva  histórica  (no-confesional), y el recurso filológico a la lengua original, el griego, que el autor domina junto con las aportaciones del  mundo judío en arameo y hebreo antiguo.

Es una de esas figuras que la Iglesia católica respeta por el peso de su autoridad y no precisamente porque sean compatibles la perspectiva de la teología y la de la historia (lo cual solo sucede ocasionalmente). Su fama le ha llevado recientemente a Israel, pues el judaísmo es un tema que conoce en profundidad (lo que lo convierte en experto ante los estudiosos judíos).

Antonio Piñero y el nuevo socratismo

Antonio Piñero tiene además una notable pedagogía, tan notable que ha hecho accesible la compleja historia de las Es- crituras y el cristianismo a un gran público. Por lo que, en un gesto extraordinariamente raro y generoso, se propuso iniciar un Blog en Periodista digital que se publica diariamente y que en este año cumplió sus primeros 10 años de vida.

La gente, no importa quién, le escribe y Antonio Piñero responde con ese arte capaz de elevar una pregunta demasia- do simple o ingenua al plano de la aguda reflexión. Una sola página de don Antonio nos muestra su pluralidad de recursos y su memoria y saber prodigiosos. Hay que imaginar lo que significa escribir día tras día un comentario, el análisis de un texto, o la respuesta a una pregunta aparentemente sencilla, en un texto digno de ser editado y meditado. Como un Sócra- tes que no se desanimaba ante la incapacidad de sus inter- locutores para comprender lo que creían saber de modo es- pontáneo, Antonio Piñero ofrece reflexiones que sorprenden al erudito y datos especializados que nos dejan como el pez torpedo de los griegos, patidifusos, sin habla.

Yo quisiera saber quién de nuestros eruditos modernos educa de forma tan abierta y desinteresada al común de la gente, no requiriendo para ello más que al interlocutor intere- sado en saber. Don Antonio dialoga a través de su página digi- tal con la misma frescura con que Aristóteles abría las puertas del Liceo a quienquiera que se interesara.

Y además, contra lo que es costumbre entre nuestros modernos intelectuales, Antonio Piñero tiene ese tipo de sen- cillez que brilla por su autenticidad y que se advierte en los pequeños detalles. Pero a la vez tiene la munificencia y gran- deza de ánimo que tanto estimaba Aristóteles en el verdadero aristócrata de espíritu.

Lo que debemos a Antonio Piñero

 En mi experiencia, hube de leer mucha teología y quedar hecho un auténtico lío, antes de descubrir la obra de don An- tonio que viene a despojar de mitos, leyendas, idealizaciones y malentendidos la extraordinaria figura de Jesús. Lo que nos ofrece Antonio Piñero con su lectura del Nuevo Testamento es la posibilidad de retornar a las verdaderas fuentes, enten- der los motivos, las ideas que alimentan la autocomprensión de Jesús y, posteriormente, la lectura de los evangelistas o de Pablo que lejos de ser históricas, constituyen diversos y com- plejos constructos teológicos.

Eso es, precisamente, lo que nos mantiene en  deuda con don Antonio: el dar voz a la inteligencia y a la coherencia histórica en un tema que, querámoslo o no, es parte nuestra y esencial pues, como decía Ortega, en cada ser humano se se- dimenta de modo vital todo el pasado, toda la historia previa. La historia nos constituye incluso si es a pesar nuestro o con desconocimiento de lo que somos y lo que fuimos.

Antonio Piñero, pues, nos da la clave para una auténtica autocomprensión de lo que es y ha sido el nacimiento de la cultura y la religión occidental. Nos coloca ante la posibilidad de retomar el proyecto inacabado de la Ilustración. Eso que era el sueño de Umberto Eco: una posmodernidad ilustrada. Y lo hace, creo yo, aplicando siempre al análisis de textos el principio científico que enunció Ockham en el siglo XIV: bus- car la explicación más simple porque suele ser la verdadera. O bien: no multiplicar las causas sin necesidad. A esto añade la precaución básica que debe tener todo investigador que in- cursione en las Escrituras, ya que, según don Antonio “en la Biblia y el cristianismo primitivo casi nada es lo que parece”.

Imagina, lector, toda una vida dedicada al estudio paciente del cristianismo y sus fuentes (así como sus antecedentes históricos), y el recurso a todos los medios más sofisticados para llegar a puerto: el conocimiento de las lenguas origina- les, la comprensión acuciosa del contexto histórico, el uso su- til del método histórico-crítico, el conocimiento enciclopédico de la historia de la recepción occidental de los evangelios así como de los expertos actuales en todos estos temas. Todo reunido en una sola persona: Antonio Piñero.

Las páginas que siguen son el producto de una entrevista que le hice, que comenzó con unas preguntas y una propuesta en un correo electrónico, prolongada a lo largo de casi vein- ticuatro meses. Fue una entrevista escrita. Yo formulaba las preguntas y él las contestaba. No he hecho otra cosa que reu- nirlas. El índice analítico de materias, que añado al final, indi- ca bien el contenido de esas cuestiones. He aquí el resultado.

Javier Ruiz de la Presa

Ciudad de México, 2 de noviembre de 2017

MI COMENTARIO:

El Dr. De la Presa había leído algunos libros míos y tenía ganas de que fuera a México como profesor visitante y si fuera posible a la Feria de Guadalajara.  Tenía también ganas de conocerme en persona. Así que como carta de presentación –ya que por desgracia los libros españoles se difunden menos en México de lo que debieran y en general en la América de lengua hispana– pensamos que sería bueno un libro, publicado en México, en el que hiciera una suerte de síntesis de mi pensamiento en torno a los temas mencionados. Pero a veces, las preguntas son curiosas y no usuales.

A lo largo de la entrevista escrita ofrezco, pues, en la mayoría de ocasiones un punto de vista muy personal sobre lo que creo que fue la naturaleza de Jesús, su misión, su vida más o menos pública que –según Javier dela Presa– es “profunda y cercana a la vez”, como fruto de tantas décadas de estudio, reflexión e investigación sobre Jesús y su entorno.

Y el libro es raro porque a modo de Epílogo, el entrevistador me “obliga” a contestar preguntas sobre mí mismo, incluso sobre mi particular transformación acerca de mi percepción de sentir religioso –algo que, a la verdad, nunca había hecho–, de modo que el libro termina de un modo insólito, muy diferente al de otras obras mías.
Como muestra, indico que las preguntas son del estilo siguiente:
· En la disputa sobre la formación judía de Jesús hay quienes lo consideran un judío iletrado. Ud., por el contrario cree que Jesús, por causa de su oficio, sabía griego y posiblemente latín. ¿Podría haber, además, una formación teológica en su juventud y conocer la tradición judía en sus fuentes?
· ¿Se podría decir que, en conjunto, lo cual abarca el destino trágico en la cruz, Jesús era un idealista, en el sentido de que esperaba demasiado de la gente? ¿Habría que decir, como hacía Nietzsche, que si Jesús hubiese vivido más tiempo habría cambiado radicalmente su cosmovisión e, incluso, la interpretación que hacía de sí mismo?
· ¿Es posible que Jesús, además de ser discípulo de Juan el Bautista, haya tenido un contacto personal con los esenios, dado que hay algunos puntos de contacto en la ética de ambos?
· ¿Tiene sentido hablar de que Jesús se conocía a sí mismo no sólo como profeta carismático y discípulo del Bautista sino también como “enviado” o “ungido del Padre”?
· ¿Se consideraba Jesús a sí mismo el mesías de Israel?
· ¿En qué sentido se consideraba Jesús a sí mismo el Hijo del Hombre?
· En su libro Guía para comprender el Nuevo Testamento afirma que algunas mujeres entre los discípulos “sintieron vivamente que no era posible que Jesús, tan admirado y querido, hubiese desaparecido para siempre”. Añade que en algunas de ellas surgió la certeza de que Jesús continuaba vivo en medio de los que le amaban... como una presencia espiritual que casi podía palparse. Nos explica que una forma de expresar este sentimiento era decir que el muerto había resucitado. De aquí surgen preguntas para mí: Las mujeres -como por ejemplo, María Magdalena- ¿habrían sido la causa o, al menos, el detonante de la creencia colectiva en el Jesús resucitado, del lado de los apóstoles y las primeras comunidades cristianas orientales? (p. 228 de su obra).
· Para decirlo al modo de Adorno: ¿Es posible creer en un Dios providencial -no sólo en el Arquitecto Universal de los estoicos- después de Auschwitz?
· La teología confesional -por ejemplo la de un hombre optimista, ilustrado, disidente y liberal como Hans Küng– ¿no tiene el defecto de no dar suficiente peso al estudio del Jesús histórico?
¿Qué importancia tienen los apócrifos del Antiguo Testamento para entender el pensamiento de Jesús y los orígenes del cristianismo?

[+] regresar

Ficha del libro

Título: El Jesús que yo conozco
Editorial: Editorial Adaliz
Autor: Antonio Piñero
ISBN: 978-84-947657-5-9
Formato: 15 x 21 cm | Nº de páginas: 332 páginas

Puede comprar el libro en: