APÓCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Tomo VI
El tomo VI de la colección “Apócrifos del Antiguo Testamento” ofrece a los lectores los escritos apocalípticos generados por el judaísmo de la época grecorromana poco antes del tiempo de Jesús o contemporáneamente a él. Unos son plenamente judíos, mientras que otros muestran signos claros de reelaboraciones cristianas, pero siempre sobre una base judía anterior claramente perceptible.
Este Tomo VI ofrece los materiales necesarios para responder a la pregunta, planteada desde el siglo XVIII, y con más claridad a mediados del siglo XX: “¿Es la apocalíptica judía la matriz de la teología cristiana?”. Los orígenes del cristianismo nacientes en el siglo I parecen ser los de una secta apocalíptica judía, entre otros grupos que conocemos de la misma época. Pero, a la vez, ello no quiere decir que el cristianismo como fenómeno histórico pueda reducirse sólo a la apocalíptica, ni que su teología sea idéntica a esta tradición judía.
La lectura de los textos presentados en este volumen, algunos de ellos los más imponentes que nos ha legado el judaísmo de todos los tiempos, como el Libro IV de Esdras, iluminará la mente del lector que ha de verse confrontado a los orígenes ciertos de una parte de la teología que quizás crea sólo cristiana.
CONTENIDO
Nota del editor literario
Abreviaturas
Apocalipsis de Adán
Apocalipsis de Abrahán
Apocalipsis de Elías
Apócrifo de Ezequiel
Apocalipsis de Sofonías
Apocalipsis de Sedrac
Apocalipsis de Baruc (siríaco)
Apocalipsis de Baruc (griego)
Libro IV de Esdras
Apocalipsis griego de Esdras
Visión de Esdras
Libro V de Esdras
Libro VI de Esdras
Ascensión de Isaías
Nota del Editor literario
Tras un gran silencio de años, debidos entre otras razones a la muerte del primer editor literario, el Prof. Dr. D. Alejandro Díez Macho y del primer editor, D. Miguel Sanmiguel, a la venta de la Editorial y a diversos y penosos imponderables, sale a la luz el volumen VI de la colección Apócrifos del AT, que se completará lo más rápidamente posible con un siguiente volumen dedicado a los Fragmentos de escritos religiosos judíos de época helenística con algunos complementos de otras obras menores. Finalmente la colección se culminará con un volumen de Índices lo más completo posible.
El lector de la serie de Apócrifos del AT debe completar este elenco de literatura apocalíptica apócrifa, que recogemos como volumen VI de la colección:
• Con el “Ciclo de Henoc” del volumen IV,
• Con una buena parte de los Oráculos Sibilinos –especialmente textos del Libro III- del volumen III de nuestra serie,
• Con los pasajes 29,1-32,12; 33,1-9; 52,1-12 del Testamento de Job (volumen V),
• Con variados pasajes –normalmente al final de cada obra- de proyección hacia el futuro de los doce testamentos que componen los Testamentos de los Doce Patriarcas (volumen V),
• Y con otros textos apocalípticos del Testamento/Asunción de Moisés (volumen V) como 6,1-9; 7,1-10; 8,1-5; 9,1-7; 10,1-15.
De este modo el lector se formará una idea más cabal de la importancia de la literatura apocalíptica dentro de los apócrifos veterotestamentarios.
SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA APOCALÍPTICA PARA COMPRENDER EL PENSAMIENTO DE JESÚS DE NAZARET
Extracto de un capítulo del libro Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos, El Almendro, Córdoba, 21995 (con múltiples reimpresiones), “¿La Apocalíptica judía como matriz de la teología cristiana?”, de Florentino García Martínez (Qumrán Instituut - Universidad De Groninga /Universidad de Lovaina), pp. 178-199
La apocalíptica es una corriente de pensamiento que nace en el contexto religioso y cultural concreto del judaísmo postexílico, que se desarrolla durante un largo período de tiempo reaccionando interactivamente con otras corrientes de pensamiento del medio ambiente judío, como la tradición profética o la tradición sapiencial, y que se plasma en las distintas obras que designamos como “apocalipsis”. Esta corriente de pensamiento debía ser lo suficientemente compleja para poder engendrar obras tan diversas como son los distintos apocalipsis y lo suficientemente poderosa como para conseguir que uno de sus productos representativos, una buena parte del libro de Daniel, consiguiera ser aceptado en el canon de la Escritura.
En el interior de esta tradición apocalíptica judía, cuyas principales fases de desarrollo podemos ahora seguir desde su primer producto lite¬rario conservado (el Libro de los Vigilantes) hasta sus representantes de finales del siglo 1 d.C. (como IV Esdras o II Baruc) se desarrollan ciertas ideas características, como la explicación del origen del mal en el mundo como resultado de la intervención de un agente angélico, el determinismo, el dominio sobre el mundo de las fuerzas del mal y la destrucción final de estas fuerzas por el juicio divino, el paso de una estructura metahistó¬rica a una estructura histórica y la periodización de la historia, la comunión con el mundo angélico, el tema de la mediación entre el hombre y Dios y el desarrollo de las figuras mesiánicas, la resolución del problema de la retribución mediante la resurrección, por no citar más que algunas de la larga lista que podría componerse. Estas ideas, por supuesto, no apa¬recen siempre bajo la misma forma ni se encuentran todas y cada una de ellas en cada apocalipsis. Sobre todo, aparecen formuladas no con nuestro lenguaje teórico y abstracto, sino en un lenguaje mitopoético, imaginativo más que descriptivo, un lenguaje que más que explicar la revelación que transmite intenta hacer participar de la experiencia visionaria que refleja, un lenguaje que debe, por tanto, ser respetado, puesto que es el vehículo esencial de esa comunicación.
Elementos apocalípticos en la predicación de Jesús
Dejando de lado conceptos centrales de la predicación de Jesús cuyas raíces en la apocalíptica judía son indiscutidos, como los conceptos de “Reino de Dios”, “Hijo del Hombre”, “Día del juicio”, etc., he escogido tres conceptos a los que generalmente no se presta demasiada atención, como ejemplos que nos muestren hasta qué punto la predicación de Jesús se halla influida por el pensamiento apocalíptico, y su “teología”, por la “teología” de la tradición apocalíptica. Estos conceptos son:
1) El mal en el mundo
Una de las ideas más antiguas de la tradición apocalíptica es la atribu-ción de la existencia del mal en el mundo a la acción de un agente exterior a la historia y al hombre 40; solamente en la cuarta fase de la apocalíptica, y como reacción sin duda al peligro de dualismo que esta explicación conlleva, el origen del mal se situará en el cor malignum, el yetzer ra'a del Libro IV Esdras. De la unión de los ángeles caídos con las hijas de los hombres en el Libro de los Vigilantes al príncipe Mastema de Jubileos o a los “ángeles de las tinieblas” y a Melki-resha de Qumrán, a Belial o al Satán de los evangelios, el origen de la existencia del mal y su presencia y dominio sobre el hombre está ligado a estas figuras sobrehumanas. Dentro de la tradición apocalíptica, este tema está íntimamente unido con el de la futura destrucción del mal, con el triunfo final de Dios y el castigo definitivo de los causantes del mal.
El mismo esquema aparece en la predicación de Jesús. Como para la tradición apocalíptica, para Jesús el mal en el mundo es ante todo una personificación de las fuerzas demónicas; como para la tradición apoca-líptica, también para Jesús el resultado final de la batalla contra el mal está asegurado de antemano y se concluirá con el triunfo de Dios. La diferencia más notable es que para Jesús, esta destrucción ha comenzado ya en cierta manera con su propia actuación, de ahí que sus curaciones y expulsiones de demonios son vistas como un comienzo de este triunfo sobre el mal. Cuando Jesús dice: “Yo estaba viendo al adversario, que caía del cielo como el rayo” (Le 10,18), o: “Ahora es la condena de este mundo; ahora el jefe de este mundo va a ser expulsado afuera” (Jn 12,31), nos dice que Dios ha quebrado ya la fuerza del mal y ha comenzado su marcha victoriosa en este mundo. Aunque, como nos 10 indica la última petición del padrenuestro: “pero líbranos del mal” (Mt 6,13), la victoria definitiva se ve aún en una perspectiva lejana y la vida de los discípulos se sigue comprendiendo como una lucha sin cuartel contra este mal.
2) La escatologización de las palabras de los profetas
Uno de los elementos esenciales de la tradición apocalíptica es la reinterpretación de la Escritura a la que se llega por revelación. De la reinterpretación de Jeremías que Gabriel da a Daniel a la reinterpretación de Daniel que Uriel ofrece a Esdras, pasando por la reinterpretación de la Torá de Ezequiel que encontramos en la Nueva Jerusalén, podemos afirmar que esta reinterpretación es una de las constantes de la tradición apocalíptica. El mejor ejemplo de este tipo de reinterpretación lo encon¬tramos dentro de la comunidad Qumránica, donde todo el texto de los Profetas es reinterpretado escatológicamente en virtud de la revelación recibida y aplicado directamente a la realidad presente de la comunidad, que es vista como la realidad de los “últimos tiempos” 41. Es lo que nos enseñan los pesharim (“interpretaciones”) qumránicos y todas las demás citas de los profetas que aparecen interpretadas en los escritos sectarios. Esta reinterpretación llega hasta el punto de afirmar que el verdadero sentido del texto no ha sido realmente comprendido por el profeta origi¬nal, y que su significado profundo sólo puede ser comprendido a la luz de la revelación recibida al interior de la comunidad:
Y Dios dijo a Habacuc que escribiese lo que había de suceder a la generación última, pero el final de la época no se lo dio a conocer. Y lo que dice: Para que corra el que lo lea, su predicción se refiere al Maestro de Justicia, a quien Dios ha manifestado todos los secretos de sus siervos los Profetas (lQpHab VII, 1-5).
Esta misma escatologización del texto profético se halla presente en la reinterpretación que Jesús ofrece. Así, en su primer discurso en Nazaret, termina la lectura de Is 61 con la constatación: “Hoy se ha cumplido esta escritura ante este auditorio” (Le 4,18-21). Lo que equivale a decir: el verdadero significado del texto de Isaías no se refiere a la circunstancia histórica de la que trata el profeta, sino que se refiere al presente que yo represento. La misma interpretación se encuentra en la respuesta que Jesús da al enviado del Bautista: “Los ciegos recobran la vista, los cojos andan ... “ (Mt 11,2-6; Le 7,18-23), con la que muestra que el anuncio de los profetas se considera ya realizado. Estos y otros ejemplos que podrían multiplicarse nos muestran que Jesús, como la tradición apocalíptica, se aplica sí mismo y a su presente, comprendido como “el final de los tiempos”, las palabras de los profetas bíblicos.
3) El presente como “el final de los tiempos”
Este es el tercero de los elementos que querría señalar. En la predica-ción de Jesús, como en la tradición apocalíptica, el presente es visto como “el final de los tiempos”, como el comienzo del cumplimiento de todas las promesas. El tema es de sobra conocido como para necesitar insistir en él, y una buen parte de los textos que Enst Käsemann cita pueden ser empleados para probarlo. Mi idea fundamental es que esta convicción no es simplemente una convicción postpascual, resultado de la experiencia de la resurrección de Jesús como primicia de la resurrección de los justos, o de la recepción del Espíritu como introducción de los tiempos mesiá¬nicos, sino que esta visión del presente como el lugar en el que la batalla final contra las fuerzas del mal ya ha comenzado, del presente como el lugar en el que se cumplen las promesas de los profetas, del presente como el comienzo del “reino de Dios”, etc., es uno de los elementos característicos de la predicación de Jesús, y que esta concepción proviene de la tradición apocalíptica judía y de la visión de la historia que ella introdujo dentro del judaísmo.
No creo que sean necesarios más ejemplos para fundamentar la afir-mación de que el influjo de la tradición apocalíptica judía es uno de los elementos constitutivos de la predicación de Jesús de Nazaret. Y si esta tradición apocalíptica judía ha influido profundamente en la formación y en la formulación de este mensaje, puede con razón considerársele como la matriz de la teología cristiana, en un sentido distinto al que Käsemann daba a su tesis, pero no por eso menos real. Pero antes de terminar este rápido recorrido permítanme señalar una precisión metodo¬lógica a fin de evitar malentendidos.
De lo dicho creo que se desprende claramente que la figura de Jesús se halla anclada, y bien anclada, en el humus fecundo del judaísmo de su tiempo y que su mensaje recoge e incorpora un gran número de elementos de la tradición apocalíptica. Mi presentación de los orígenes del cristianismo naciente como los de una secta apocalíptica judía entre los otros varios grupos que conocemos de la misma época es históricamen¬te correcta. Pero esto no quiere decir que el cristianismo, a pesar de esta continuidad histórica con la tradición apocalíptica, se reduzca como fenó¬meno histórico a la apocalíptica, ni que la teología cristiana sea idéntica a la teología de la apocalíptica. La divinización de Jesús es un fenómeno tan impensable dentro de la tradición apocalíptica como dentro del resto del judaísmo y nos muestra claramente la existencia de un ruptura pro¬funda entre la teología cristiana y las teologías judías.
La insistencia de Käsemann sobre las diferencias entre la predicación de Jesús y el cristianismo postpascual y la centralidad de la experiencia pascual es una de las maneras posibles de localizar el momento de esa ruptura entre el judaísmo y el cristianismo como nueva religión. Otros han situado esa ruptura en el punto que separa la enseñanza de Jesús de la teología de Pablo; para otros, en fin, la ruptura se habría realizado ya a nivel de la autocomprensión del Jesús histórico. El problema histórica¬mente fascinante y teológicamente fundamental de localizar ese punto de ruptura, a partir del cual el cristianismo se autocomprende como una nueva religión, queda evidentemente fuera de la perspectiva de esta presentación.
Es absolutamente claro, pues, la necesidad de la lectura de la Apocalíptica judía para entender la inmensa herencia judía del cristianismo que se recibe muchas veces directamente de estos textos apocalípticos y no a través de la Biblia hebrea.
Ficha del libro
Título: Apócrifos del Antiguo Testamento. Tomo VI.
Editorial: Ediciones Cristiandad
Autor: Antonio Piñero
ISBN: 978-84-7057-542-6
Formato: --- cm | Nº de páginas: 628 | Tapa dura

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