La verdadera historia de la Pasión.
Según la investigación y el estudio históricos.
Edaf, Madrid, 2008
CONTENIDO
PRÓLOGO
I EL MARCO MEDITERRÁNEO DE LA PASIÓN DE JESÚS
II EL CONTEXTO JUDÍO DE LA PASIÓN
III LA HISTORIA DE LA PASIÓN DE JESÚS
APÉNDICE
EPÍLOGO
EL RELATO DE LA PASIÓN DE JESÚS
TESIS E HIPOTESIS SOBRE LA HISTORIA DE SU COMPOSICIÓN
Cuenta Giorgio Agamben, en El Tiempo que resta. Comentario a la Carta a los romanos, que el famoso erudito judío Gerhard Scholem pretendió regalar a Walter Benjamin una obrita que contenía simplemente una serie de tesis. Salvadas las enormes distancias, pretendo ahora algo parecido en el homenaje a la Profesora Rosa Aguilar: este artículo no es más que un inicio -a modo de tesis, más un par de hipótesis- de un trabajo en trance de realización y que más tarde, probablemente, verá la luz en forma de capítulos de un libro.
1. La mayoría de los estudiosos postula la existencia de un “relato de la Pasión” anterior a la narración contenida en el Evangelio de Marcos. En este relato premarcano se habría fundado el primer evangelista llegado hasta nosotros, “Marcos”, para escribir el suyo, incorporado ya dentro de un relato más amplio que a partir del siglo II se llamará “evangelio”.
2. Este relato de la Pasión previo a Marcos, parece, sin embargo, casi imposible de reconstruir en su tenor literal. Aunque hay signos abundantes de su existencia, los resultados de las reconstrucciones emprendidas por los investigadores son tan dispares, y a veces tan contradictorios, que por el momento debemos contentarnos con constatar su posible existencia, sin intentar una reconstrucción. Más precisamente: sólo sería posible hablar científicamente de “tradición premarcana”, si se toma en serio la imposibilidad de reconstrucción constatada.
3. Esta tradición, o hipotético relato premarcano de la Pasión, sería junto con la reconstruida Fuente Q la narración de corte evangélico más antigua que se conoce. De confirmarse su existencia, como parece según los indicios, no es inverosímil que circulara por su cuenta antes de ser incorporado al Primer evangelio.
4. Parece de todos modos un buen procedimiento para delimitar a grandes rasgos el contenido de la Historia de la Pasión premarcana constatar la coincidencia de datos entre las dos corrientes de tradición en buena parte independientes: el Evangelio de Marcos y el de Juan. Otros métodos de reconstrucción de la Historia de la Pasión premarcana, como el análisis de vocabulario y estilo, o de los puntos de sutura incorrectos entre unas partes y otras, o de las tensiones internas del relato, disparidad de motivos teológicos, etc. resultan muy problemáticos y poco fiables.
5. Los indicios de la existencia de un relato premarcano de la Historia de la Pasión son los siguientes: a) la existencia de un guión previo de los momentos cruciales de esta pasión – prendimiento, proceso, condena, muerte- en la predicación cristiana primitiva anterior a la redacción de los Evangelios como muestra 1 Cor 15,1-3; b) la existencia de dobletes y repeticiones en algunas escenas del Evangelio de Marcos, por ejemplo en la agonía en Getsemaní (Mc 14,32-42), o en el momento mismo de la muerte (Mc 15,34 + Mc 15,37), en la coincidencia de motivos interpretativos sobre los acontecimientos en fuentes diversas (hallazgo de los temas de Getsemaní colocados por el Evangelio de Juan en otros lugares. Así, la angustia de Jesús en Juan 12,27; la mala disposición de los discípulos, hasta la huida, en Jn 16,32; “la copa que Jesús ha de beber” en Jn [18,11]; la repetición de detalles o informaciones innecesarias, como en Mc 14,43, donde el autor repite innecesariamente sobre Judas lo que ya ha dicho en 14,10, etc.
6. Aunque en la predicación cristiana primitiva (cf. 1 Cor 15, 3-5; Hch 2,23-24, etc.) iban estrechamente unidas las historias de la resurrección y de la pasión, hay que distinguir entre ellas. Tienen probablemente un origen distinto y un valor histórico muy diferente. El valor histórico de los relatos de la resurrección es notablemente inferior al de la historia de la pasión como conjunto y el grupo de las narraciones postpascuales de la resurrección forman un conjunto menos unitario que los de la pasión; su carácter es más bien dispar.
7. De entre los Evangelios canónicos, el relato de la Pasión de Marcos es el más antiguo. Su narración es seguida –aunque con abundantes variantes- por Mateo y Lucas.
8. El Evangelio de Juan camina por una vía aparte a la de los Sinópticos también en el relato de la Pasión, como sucede en el resto. Las diferencias en organización de lo narrado, las omisiones y añadiduras sobre los Sinópticos son tan abundantes (en total superan el centenar), que exigen una explicación.
Las diferencias entre los evangelios de Juan y los Sinópticos pueden aclararse según el esquema interpretativo expresado en la obra Guía para entender el Nuevo Testamento. En síntesis: el autor del Evangelio de “Juan conoce ciertamente si no los evangelios anteriores, sí al menos la tradición sinóptica que está detrás de ellos y forma su base; pero no la utiliza tal cual, sino que la repiensa, la reelabora y la reescribe”. “El autor medita sobre esta tradición previa y la presenta de manera que la figura de Jesús aparezca como él –el autor de un evangelio nuevo— cree que en realidad fue. En algunos casos esta reescritura se apoya en una interpretación alegórica de la tradición sinóptica o de pasajes del Antiguo Testamento”. En otros casos lo hace añadiendo episodios y datos de su propia cosecha (tradición oral propia a la que él tiene acceso). En otros, finalmente, componiendo nuevos discursos de Jesús que expresen mejor que los Sinópticos cuál es la importancia y significado de Jesús.
9. El relato de la Pasión en su conjunto –tanto en la versión presumiblemente anterior a Marcos, como en la de este evangelista- cumple con los más importantes criterios filológicos que sirven de prueba y contraste de la historicidad de las narraciones evangélicas: el criterio de “desemejanza o disimilitud”, el de “dificultad”, y el de “atestiguación múltiple”.
10. A pesar de lo dicho, el relato de la Pasión no puede considerarse histórico en todas sus partes tal como está. Hay razones poderosas para el escepticismo respecto al contenido histórico cien por cien de muchos episodios de la Historia de la Pasión. En primer lugar la considerable distancia respecto a los hechos narrados –en el mejor de los caso de unos quince o veinte años- milita en contra de un recuerdo fidedigno.
Segundo: el narrador es omnisciente y para ciertos hechos –por ejemplo el interrogatorio a puerta cerrada del o de los sumos sacerdotes a Jesús (el denominado “proceso judío”), o el interrogatorio privado de Pilato a Jesús (dentro del llamado “proceso romano”)- no pudo contar con testigos visuales que transmitieran hechos y palabras, por lo que hubo de basarse en testimonios indirectos o en meras conjeturas. Tercero: no quedan actas ningunas de los dos procesos.
11. Otras razones que incitan a la prudencia a la hora de estimar la historicidad de lo relatado en la HP son:
12. Esta falta de historicidad justifica y permite al investigador formular hipótesis sobre la composición literaria de la Historia de la Pasión que busquen dar razón de sus anomalías históricas y de su forma literaria actual.
13. Es muy posible la hipótesis de que la acumulación, arriba señalada, de citas y alusiones literarias del Antiguo Testamento y el sometimiento al esquema “promesa/cumplimiento” tengan su explicación en que la primitiva Historia de la Pasión fue guiada por motivos litúrgicos, es decir, este relato tuvo un primer y fundamental Sitz im Leben, “contexto vital” en la liturgia y en la predicación.
La indicación de las horas (tercia, sexta, nona) en el relato de la Pasión ha sido interpretado por los investigadores como indicadores del tiempo de una recitación litúrgica. Igualmente el “beso de Judas” tiene resonancias litúrgicas.
También es posible que todo el relato de la Pasión haya sido concebido como una haggadah, una historia interpretativa judía, de la Pascua y del Éxodo con su llegada a la Tierra Santa, simbólicamente la resurrección-, basada en la idea y el desarrollo teológico totalmente cristiano de que la muerte sacrificial de Jesús –el Cordero de Dios- sustituye a la Pascua judía el sacrificio de los corderos.
14. Es también posible la hipótesis de que la historia de la Pasión sea la compresión literaria en una semana, buscando la unidad de “tiempo, acción y lugar”, de eventos que duraron bastante más tiempo. Algunos textos del relato de la Pasión contienen indicios de que sus acciones pudieron ocurrir en un momento diferente a la escasa semana previa al 14/15 de Nisán.
15. A partir del conjunto de las observaciones realizadas hasta ahora no nos parece descabellado formular la siguiente hipótesis: a un personaje desconocido, un cristiano con evidentes muestras de talento e imaginativa literaria, que residía en Jerusalén -sede sin duda de las tradiciones sobre Jesús referentes a su estancia en la capital y a su trágico desenlace-, se le ocurrió comprimir teatral y dramáticamente en un relato de sólo una semana una serie de hechos y dichos de Jesús que se extendieron en realidad durante varios meses: desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén en septiembre, hasta su prendimiento cerca ya de la Pascua y su muerte cerca también de esta festividad (marzo/abril: Nisán).
El esquema de compresión en una semana, o en pocos días, pudo tomarlo el desconocido autor por ejemplo de Homero, otro narrador desconocido, a quien no se le ocurrió describir toda la historia de la tremenda y duradera guerra entre griegos y troyanos, sino sólo unos acontecimientos trascendentales comprimidos más o menos en una semana.
Para la compresión en este espacio de tiempo de la historia de los últimos acontecimientos de la vida de su Maestro, este autor desconocido se valió de todas las tradiciones que circulaban sobre los últimos momentos de Jesús, de las piezas litúrgicas que los judeocristianos utilizaban en sus oficios litúrgicos particulares el “día del Señor”, después del sábado, del conjunto de profecías mesiánicas referidas por la comunidad a Jesús en una nueva lectura de las Escrituras, y de cuantas tradiciones más o menos legendarias sobre algunos episodios concretos de estos instantes finales de Jesús, que pudo recabar de grupos diversos de cristianos.
Desgraciadamente es imposible reconstruir hoy a la letra el relato de este escritor anónimo y avisado que tuvo tantos y tan exitosos seguidores, como veremos. Sólo podemos intuir que su obra debió de existir, y que fue él el que proporcionó al primer evangelista un material bastante elaborado para que él lo terminara de editar.
Este texto (¿?), o quizá sólo un corpus fijo de tradiciones, acabó muy probablemente recitándose en los oficios litúrgicos de la comunidad cristiana de Jerusalén, es decir, hubo de tener de inmediato un uso y fijación litúrgica.
El que hizo una concienzuda refundición de este “texto” hacia el año 71 d.C. fue el evangelista que hoy conocemos como Marcos: lo amplió, lo acomodó a su pensamiento teológico e hizo de su producto, al que hoy denominamos Evangelio de Marcos, un gran drama apocalíptico en el que el cuerpo de este evangelio no es más que, como se ha afirmado no sin razón, una gran introducción literaria al centro del interés del evangelista: el relato de la Pasión de Jesús.
La obra de Marcos fue recogida -y a su vez editada y complementada- por el evangelista que llamamos Mateo, unos diez años más tarde y poco después por Lucas. Los dos autores siguieron la estructura básica del relato marcano con cierta fidelidad, más Mateo que Lucas, añadiéndole otros episodios y mudando el sentido teológico de algunos de los que quedaron.
Por último, toda esta tradición sinóptica –¿quizá ya en la forma modelada por Marcos, según opinan muchos estudiosos? o por Lucas?, no lo sabremos nunca- fue conocida por el misterioso autor del IV Evangelio, que a su vez emprendió una gran tarea de edición y reescritura de ella, acomodando todo el material a su concepción teológica y mística sobre Jesús, tan diversa a la de sus antecesores. No menciona a éstos, no los corrige expresamente, sino que construye su propia historia intentando mostrar a sus lectores que él, y sólo él, es el que muestra a Jesús con esta nueva interpretación la plenitud de su misión, de su figura y de su gloria.
16. Finalmente, y como mera hipótesis que confieso de antemano muy difícil de probar, me parece plausible que esta narración litúrgica o “historia de la Pasión premarcana” fuera utilizada también como una suerte de “guía turística” para mostrar los sucesos y los lugares en los que padeció el mesías a los judíos de la diáspora.
Era tradición entonces en el judaísmo que el mesías se habría de mostrar primero en Jerusalén. Al parecer, había un movimiento de judíos de la Diáspora, creyentes en el mesías Jesús y muy piadosos, que emprendían viaje a la capital de Israel en la creencia de que el fin de los tiempos era cercano, y con la esperanza de asistir allí al advenimiento definitivo del mesías Jesús. A éstos y otros visitantes podía servir de “guía” esta compresión de los eventos de la pasión de Jesús en una semana que hemos llamado “historia de la Pasión premarcana”, y también de itinerario para conocer los lugares en los que había estado el Salvador en los últimos tiempos de su vida mortal y en donde había acabado por ser ofrecido en sacrificio.